Un gorrión

Hace tres días, cuando entraba en casa al anochecer, encontré, apoyado sobre el marco de la puerta de entrada, a un gorrioncito que apenas tenía plumas, era pequeñito, y se mostraba encogido sobre el rincón en el que estaba guarnecido.

A pesar de que ya es primavera, ese día había bajado la temperatura y parecía que el pobre animal tenía frío o quizá estaba enfermo o herido. En principio no supe que hacer, si estaba herido, ¿cómo podría curarlo?, era más pequeño que mi mano, y si estaba enfermo ¿qué podría darle?.

Sólo se me ocurrió ofrecerle alguna miga de pan, así que entré a la cocina y saqué un trozo de pan que acerqué a su pico, pero ni se inmutó, seguía inmóvil y aunque seguía acurrucado no parecía tener miedo, ya que no hacía intención de huir.

De pronto, empezaron a piar algunos pájaros en el tejado de enfrente, a lo que el gorrión respondió de inmediato, dando pequeños saltos, llegó casi a bajar de la acera, pero pronto cambió su dirección hacia la casa de al lado, movido, quizá, por la procedencia del piar de los otros pájaros. Se colocó sobre el borde de un arriate que rodea un naranjo y se mantuvo quieto durante un rato. Allí, le acerqué el trozo de pan mojado que le había sacado y lo dejé para ver si comía solo.

en el pieMientras lo observaba dio un salto y se colocó encima de uno de mis pies así que decidí entrar con él en la casa para evitar que se expusiera al riesgo de ser atropellado por un coche o por algún transeúnte que no lo viera al pasar.

Lo entré al patio y lo dejé suelto, pero se colocó detrás de una maceta y continuó quieto.

sobrelamacetaAl poco rato ya había acabado de anochecer y la temperatura había bajado, así que decidí entrarlo dentro, para que no pasara frío durante la noche, era tan pequeño, que pensé que podría morir expuesto a la intemperie.

gorrionVolví a ofrecerle comida, pero  tampoco quiso, poco a poco vi que iba tomando confianza, y que se me acercaba y se volvía a posar en mis pies, por fin me atreví a cogerlo con la mano y pude acariciarlo, al poco rato el pajarito abría el pico y pude darle un poco de miga mojada.

en la manoLo deposité sobre una caja de zapatos y cerré las puertas para que no se perdiera en otras habitaciones la casa.

lamadreAl día siguiente a las 7 de la mañana, cuando apenas había amanecido, sentí piar con insistencia a un pájaro, era la madre que lo estaba llamando. Lo más rápidamente que pude,  saqué al gorrión al patio para que su madre pudiera verlo. Cuando salí con el animal en la mano, la madre, seguramente asustada, voló del soporte en el que se había posado. Dejé al gorrioncito en el patio y vigilé por la ventana sin que se me viera desde fuera.  Poco después pude ver como la madre se acercaba, jugaba con su cría y le daba de comer.

Me parece una historia tan tierna que no puedo dejar de compartirla. El instinto de proteger a su cría, la lucha para lograr su supervivencia y la preocupación por el bienestar de los hijos, este, que parece un sentimiento exclusivamente humano, es propio de todos los seres de la naturaleza. Es algo que nos viene dado, y que transmitimos a través de los genes, para asegurar la permanencia de la especie, y sucede tanto en la nuestra, como en el resto de los seres vivos.

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Salamanca

Salimos el viernes, con las prisas del que huye de la rutina, del lugar donde las obligaciones oprimen y las responsabilidades aprisionan, como el que evade la carcel que limita o casi determina cada movimiento. Escapando, como fugitivos que temen el acoso de sus cazadores…

El viaje sin descanso, solo dos paradas para echar gasolina y cambiar de manos el volante.

Al llegar a Salamanca ya era de noche, desde la carretera, mientras rodeabamos la ciudad pudimos ver las siluetas iluminadas de los viejos edificios, las torres de sus catedrales, después de soltar el equipaje salimos a tomar cervezas y a pasear por el casco histórico, solo nos dio tiempo de ver brevemente la plaza mayor, que se encontraba ocupada por puestos de la feria del libro que se celebra en estos días.

La maravillosa plaza no podía apreciarse en su inmensidad, sin embargo pudimos apreciar los tondos que contenían relieves de personajes importantes, sin tener información sobre ellos, da la impresión que estan destinados a ir completándose.

El guardian entre el centeno.

Se trata de un relato en primera persona protagonizado por un adolescente que se encuentra en una situación crítica, ha sido expulsado de varios colegios, desprecia a sus amigos, a su familia, sólo siente ternura por su hermana pequeña y otro hermano que ha muerto, aborrece al resto del mundo.

Destaca el lenguaje coloquial y casi de jerga juvenil, lo que le da una gran frescura y verosimilitud al relato: la serie de peripecias que vive el joven, desde que se escapa del colegio hasta que llega a su casa, tres días más tarde.

En mi interior

Pretendo hacer una mirada instrospectiva reflexionar sobre mi misma, sobre las cosas que me gustan o disgustan, sobre lo que veo, sobre lo que debería ver y quizá no sea capaz de apreciar.

Sobre relaciones de tu a tu entre las personas.

Sobre mis lecturas, sobre mis viajes…

Diez minutos

Paulo Coelho era para mi un autor desconocido, leyendo su libro "Díez Minutos" he descubierto una magnífica prosa poética, una descripción de personajes que piensan sienten, esperan, se ilusionan, y fracasan. La vida de cualqueira con circunstancias muy concretas que nos pueden sorprender, podemos ver que el origen del miedo que nos producen algunos hechos no radican en esos hechos en sí mismos, sino en lo que hemos aprendido sobre ellos, en la imagen colectiva que la sociedad en la que nos encontramos inmerso nos ha dado. Desmitifica la dignidad, y valora cada circunstancia, cada experiencia por el trozo de nuestra vida que ocupa…

Poco a poco

Las cosas no ocurren de forma inmediata, es cierto que en algunas ocasiones, una cuestión accidental puede transformar por completo las cosas. Pero por lo general las cosas se van produciendo en pequeños pasos, pasos a veces inperceptibles cuyo desenlace  no somos capaces de adivinar.
Cuando pasa el tiempo, si miramos atrás vemos el camino que hemos recorrido, ese camino que nos ha llevado a donde estamos, y así podemos reparar en los pequeños pasos que en su día no tenían importancia, pero que en ese caminar se iban dirigiendo hacia una meta entonces desconocida.
 
Ahora, sabido el camino, sabido el destino, podemos preguntarnos cual fue el punto de partida, intentamos situarlo en un momento más o menos concreto, pero quiza eso sea imposible, si fuera posible imaginar ese punto, si fuera posible cambiar los pasos, si fuera posible invertir el camino, quien sabe si el destino hubiera sido otro, o quien sabe si el desenlace sería inexorablemente el mismo.
 
Al igual que en una película de terror la música nos indica una situación de miedo que se aproxima, al igual que en las tragedias griegas la profecía trágica conocida por sus protagonistas de antemano no hace posible que sea evitada, sino al contrario, su conocimiento y el intento de evitarla es lo que a veces desencadena la propia tragedia ya anticipada por los augures. Por eso, el posible conocimiento previo del desenlace, provablemente no habría cambiado nada. 
 
Su rostro pálido, de piel suave y limpia, transparente sin mancha, que hasta hace nada aparecía tersa pese a su edad, ayer se mostraba arrugado, como nunca había estado, apenas dos días antes no mostraba tantos pliegues, de manera casi inmediata había cambiado su aspecto, la piel de apariencia joven que en su cutis se había mantenido hasta la semana anterior, de pronto se arrugó como si hubieran pasado varios años en el transcurso de tres o cuatro días. Como cuando dejas al calor una fruta ya madura, se pliega de repente, y sabes que debido a las condiciones se ha producido la modificación de forma rápida. Este ha sido un signo más de su envejecimiento, los otros más drásticos y dolorosos los hemos ido viendo sin querer creerlos por completo, sin saber si su voluntad se dirigía hacia esos signos o si eran esos mismos signos los que dirigían su voluntad, su forma de actuar, de pensar de atormentarse y atormentar a los más próximos.