Poco a poco

Las cosas no ocurren de forma inmediata, es cierto que en algunas ocasiones, una cuestión accidental puede transformar por completo las cosas. Pero por lo general las cosas se van produciendo en pequeños pasos, pasos a veces inperceptibles cuyo desenlace  no somos capaces de adivinar.
Cuando pasa el tiempo, si miramos atrás vemos el camino que hemos recorrido, ese camino que nos ha llevado a donde estamos, y así podemos reparar en los pequeños pasos que en su día no tenían importancia, pero que en ese caminar se iban dirigiendo hacia una meta entonces desconocida.
 
Ahora, sabido el camino, sabido el destino, podemos preguntarnos cual fue el punto de partida, intentamos situarlo en un momento más o menos concreto, pero quiza eso sea imposible, si fuera posible imaginar ese punto, si fuera posible cambiar los pasos, si fuera posible invertir el camino, quien sabe si el destino hubiera sido otro, o quien sabe si el desenlace sería inexorablemente el mismo.
 
Al igual que en una película de terror la música nos indica una situación de miedo que se aproxima, al igual que en las tragedias griegas la profecía trágica conocida por sus protagonistas de antemano no hace posible que sea evitada, sino al contrario, su conocimiento y el intento de evitarla es lo que a veces desencadena la propia tragedia ya anticipada por los augures. Por eso, el posible conocimiento previo del desenlace, provablemente no habría cambiado nada. 
 
Su rostro pálido, de piel suave y limpia, transparente sin mancha, que hasta hace nada aparecía tersa pese a su edad, ayer se mostraba arrugado, como nunca había estado, apenas dos días antes no mostraba tantos pliegues, de manera casi inmediata había cambiado su aspecto, la piel de apariencia joven que en su cutis se había mantenido hasta la semana anterior, de pronto se arrugó como si hubieran pasado varios años en el transcurso de tres o cuatro días. Como cuando dejas al calor una fruta ya madura, se pliega de repente, y sabes que debido a las condiciones se ha producido la modificación de forma rápida. Este ha sido un signo más de su envejecimiento, los otros más drásticos y dolorosos los hemos ido viendo sin querer creerlos por completo, sin saber si su voluntad se dirigía hacia esos signos o si eran esos mismos signos los que dirigían su voluntad, su forma de actuar, de pensar de atormentarse y atormentar a los más próximos.
 
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